IR AL GIMNASIO, MÁS SEGURO QUE COMER EN UN RESTAURANTE

Por su interés, reproducimos este artículo firmado por Cristina Sáez, para «La Vanguardia», el viernes 31 de Julio:

Si hay algo que estamos aprendiendo en esta pandemia de Covid-19 es que casi todas las preguntas relativas a riesgos de contagio se saldan con un ‘depende’. No hay blancos ni negros, solo grises de mayor o menor intensidad. Está claro que hay algunas actividades que comportan más riesgo de contagio que otras: no es lo mismo caminar solo por la montaña que ir a tomarse una copa a un bar nocturno abarrotado. Otras actividades, en cambio, pueden generar más dudas: ¿suponen riesgos distintos ir al cine o hacer ejercicio en un gimnasio que comer en un restaurante o ir a la oficina?

El miércoles, el Procicat dio luz verde a algunas actividades culturas, lúdicas y deportivas hasta el momento no permitidas, con un aforo limitado al 50% de su capacidad. La medida coincidía con la decisión del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya de avalar la reapertura de cines, gimnasios y espacios deportivos, que la Generalitat había ordenado cerrar para hacer frente a los brotes en el área metropolitana de Barcelona y Lleida. “El riesgo de contagio en esos contextos -explica María Cruz Minguillón, experta en partículas finas e investigadora del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC)- depende de cuatro factores: de las condiciones de renovación del aire, la densidad de personas en un mismo espacio, el tiempo que permanezcan en él y el uso de mascarillas ”.

En el caso de los gimnasios y equipamientos deportivos, la mayoría de esos centros se ubican en espacios interiores, donde se sabe que el SARS-CoV-2 es más probable que se transmita. De ahí la importancia de limitar el aforo para reducir la densidad de personas y, por tanto, la potencial concentración de virus en el ambiente. También es crucial garantizar una buena ventilación, ya sea abriendo las ventanas del centro si es posible o mediante los sistemas de climatización renovando el aire interior con aire fresco del exterior.

Menos cantidad de gente, además, permite que se pueda mantener mejor la distancia social, lo que resulta clave cuando practicamos deporte, sobre todo si es vigoroso, en que la respiración se intensifica: inhalamos y exhalamos un mayor volumen de aire con mayor frecuencia; así, de estar infectados, expeleremos más partículas infecciosas al ambiente. Y eso es particularmente importante en el caso de la Covid porque cada vez hay más evidencia científica de que las personas asintomáticas o presintomáticas son grandes transmisores de la infección.

“La vía de transmisión principal del SARS-CoV-2 son las gotas respiratorias relativamente grandes que expelemos al toser, estornudar, reír, hablar y que, como pesan, se depositan rápido. Eso es una ventaja, porque no están demasiado tiempo en el aire”, apunta Júlia Vergara-Alert, que investiga en coronavirus en el Centre de Recerca en Sanitat Animal (IRTA-CReSA).

Por tanto, se puede reducir significativamente el riesgo de transmisión, por un lado, usando mascarillas en las zonas comunes del gimnasio, como entradas y salidas, en los vestidores y mientras se espera para entrar en una clase, y también en la medida de lo posible cuando se realice un ejercicio ligero, no cardiovascular, que lo permita; y por otro, desinfectando muy bien las superficies sobre las que se pueden depositar esas gotas y por las que pasan muchas manos, como bicicletas, pesas, fuentes de agua, duchas o secadores de pelo.

“La higiene de superficies ha de ser continua y estricta”, insiste el biofísico e investigador del Grupo de Biología Computacional y Sistemas Complejos (BIOCOM-SC) de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), Enric Álvarez.

“Otras vías secundarias de contagio, como pueden ser partículas más finas o aerosoles, capaces de permanecer más tiempo en el aire, se pueden reducir con una buena ventilación exterior que permita diluir la potencial concentración de partículas víricas”, añade Vergara-Alert, que insiste que, para contagiarnos en un gimnasio, “tenemos que estar durante mucho tiempo al lado de alguien que está excretando una cantidad elevada de virus”.

A diferencia de cines y teatros, museos y bibliotecas, espacios en que no se ha registrado hasta el momento ningún brote en todo el planeta, en gimnasios sí que se han documentado. Un estudio publicado en Emerging Infectious Diseases , la revista del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de los EE.UU., analizaba un brote en un gimnasio de Corea del Sur que infectó a 112 personas. En aquel caso, dos monitores con sintomatología contagiaron a sus alumnos en clases de baile-fitness en las que había hasta 22 personas.

“Una clase baile tipo zumba en un interior es de alto riesgo. Tienes a un grupo de gente en una zona cerrada interior haciendo ejercicio de alta intensidad, sin mascarillas, generando muchas gotas, muy cerca unos de otros, como ocurre en una discoteca o en una fiesta con música y gente bailando”, alerta Álvarez.

Una buena alternativa es trasladar todo lo que se pueda a exteriores, donde es más fácil controlar la distancia interpersonal y también disminuir la concentración vírica en el aire. Aunque “la dicotomía no es interior o exterior, sino el tono de voz que uses”, apunta Álvarez. En un cine, por ejemplo, a pesar de que a priori pueda parecer lo contrario, si el aforo se limita, está bien ventilado, se mantienen las distancias de seguridad y la gente lleva mascarilla, “son espacios bastante seguros”.

Para Álvarez, “es mucho más seguro ir a ver una película al cine que tomarte con los amigos una cerveza en el bar, porque en el cine susurras, con lo que rebajas la cantidad de partículas que emites. En cambio, en el bar, sueles alzar la voz y emites un mayor número de gotas”. El caso de los teatros es algo distinto; ahí el riesgo procede de quienes están en el escenario, que al hablar con voz elevada o cantar, pueden emitir gotas con capacidad infectiva. Aunque “lo peor es cantar. Se han documentado muchos casos de brotes en corales”, señala Álvarez.

Tanto cines, como teatros, museos, bibliotecas, gimnasios, “si se hacen las cosas bien y se observan las medidas de prevención,no representan ningún tipo de riesgo y son muy seguros en comparación con un interior de restaurante, un bar o un local nocturno, en que no hay distancia interpersonal y la gente no lleva mascarilla o la lleva mal”, considera Magda Campins, jefa de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Vall d’Hebron.